POLÍPTICO DE LA MUERTE: IMAGEN Y LITERATURA
NOVOHISPANAS EN EL SIGLO XXI
Erandi Rubio Huertas
Estudios del Arte, Universidad Iberoamericana
El primer punto sera de la naturaleza y propiedades de la muerte
[…] tengo que suponer una verdad de la qual nadie puede dudar
[...] Y es que todos hemos de morir […] Y esta ley es tan universal,
que ni Cristo N. Señor ni su santísima madre fueron exceptuados de
ella…1
Introducción
En todo comienzo hay un final, y como tal, la muerte marca el destino más certero, irrepetible e individual en la
existencia del ser humano. En pleno siglo XXI la muerte sigue generando preguntas, explicaciones, interpretaciones
y expresiones de distinta naturaleza. Dichas expresiones han perdurado a lo largo de los siglos y permanecen como
huellas o manifestaciones del pasado, a veces confusas o inexplicables ante nuestros ojos contemporáneos.
La motivación del siguiente trabajo es ofrecer al lector un extracto de lo que fue mi propuesta de análisis en la tesis
de licenciatura en historia. El propósito es acercarnos a la lectura de un objeto artístico del pasado, procedente del
siglo XVIII novohispano, a través de una serie de textos doctrinales. El objeto al que me refiero es el Políptico de
la muerte que se halla en una de las salas del Museo Nacional del Virreinato, en lo que fue el antiguo Colegio de
Tepotzotlán. Allí, el Políptico aguarda la mirada de los espectadores, envolviéndolos en una atmósfera oscura,
colmada de atributos iconográficos que aluden a la fragilidad de la vida, al tema de la Vanitas, el desengaño, la
importancia de meditar en la Muerte, el Infierno, el Juicio, la Gloria y por supuesto, aprender a bien morir.
La propuesta
Entre todas las obras de caridad […] no hai ninguna de mayor
importancia […] que la de ayudar á bien morir. Es de summa
importancia, porque de este ultimo combate depende la salvacion, ó
condenación de un alma2.
Como lo he mencionado, el presente trabajo pretende mostrar una propuesta más de lectura e interpretación del
Políptico de la muerte a través de su relación con una serie de fuentes doctrinales. Me refiero a los Ejercicios
Espirituales de San Ignacio de Loyola, el Catecismo Romano y los libros del buen morir. Sin embargo, estosúltimos son los que conforman la herramienta de interpretación más precisa del contenido iconográfico y literario de
la obra como se verá más adelante. Por su discurso, estructura y organización, los libros del buen morir permiten
esclarecer la intención y el significado global del conjunto pictórico, ya que ambos guardan una estrecha relación
temática: la meditación y preparación para la buena muerte o bien morir, práctica institucionalizada por la Iglesia
católica y ampliamente difundida en el territorio novohispano.
¿Qué es un políptico?
El diccionario de términos artísticos lo define de la siguiente manera: “Composición de pinturas u otro género de
obras, que consiste en cuatro o más hojas o tablas, normalmente ensambladas, y con frecuencia articuladas; se
utiliza habitualmente como retablo”3.
El Políptico de la muerte4 es una obra anónima, compuesta de seis tablas de madera pintadas al óleo, articuladas
entre sí por bisagras que permiten que se desdoblen y se vuelvan a doblar; por esta característica se puede observar
de frente y por detrás. Como es un objeto pequeño y fácilmente transportable, probablemente fue el encargo de
algún particular para usarse en la privacidad de una capilla doméstica, en la intimidad de una celda o dormitorio.
El tema central que unifica las distintas partes del Políptico, es el recordatorio continuo de la muerte o memento
mori, con base en la tradición de la preparación para la buena muerte, una práctica que cobró gran importancia tanto
en el discurso contrarreformista como en los textos doctrinales generados a partir del Concilio de Trento. La
preparación para la buena muerte o bien morir, consistió en la realización cotidiana de una serie de meditaciones y
prácticas sacramentales, encaminadas a ayudar al feligrés a bien morir y con ello, alcanzar la salvación de su alma y
ganar la Gloria eterna.
Para comprender mejor el discurso iconográfico de la obra, describiré de manera muy breve, el contenido de cada
una de las imágenes, de acuerdo al orden que establecí previamente, con base en la estructura literaria de los libros
del buen morir.
El Políptico de la muerte
La primera tabla presenta a un esqueleto que emerge desde la negritud del fondo y ocupa toda la parte central de la
composición. Con la mano derecha sostiene una guadaña y con la otra, un candelabro que tiene una vela encendida.
Lo acompañan a los costados una serie de objetos que aluden a la fragilidad de la vida, como la flor y el hilo que
cuelga de una telaraña; otros que reiteran lo efímero del tiempo, como el reloj de arena y la flama de la vela.
También hay símbolos que señalan la meditación en torno a la muerte, como son el esqueleto y las calaveras y otros
que ilustran la vanidad de lo terreno: el cráneo con bonete sobre un libro, los cinco sentidos a través de los cuales se
peca y el globo terráqueo que alberga instrumentos musicales, monedas de oro y plata, la corona de un rey y una
tiara pontificia.
En la segunda tabla se halla un altar con una gran calavera que preside la parte central de la composición. En ambos
flancos hay dos candelabros, el de la derecha está encendido y el de la izquierda recién humea. Abajo, un esqueleto
pequeño yace sobre un petate, acompañado de tres cartelas cuyos textos aluden a la condición mortal del hombre,
enmarcadas por dos calaveras pequeñas que reposan en las esquinas inferiores.
Vista anterior del Políptico de la muerte, 1775.5

En la porción superior de la tercera tabla, se hallan dos grandes cartelas cuyos textos se refieren a la resignación del
hombre frente a la muerte y al sentimiento de desengaño que sufre respecto a la vida en la tierra. La escena que
ocurre abajo, muestra a un moribundo que yace en su lecho acompañado de un joven sacerdote que da lectura a un
libro; también están un fraile, un párroco, una mujer mayor y otra mujer joven, hincada, al pie de la cama. A la
diestra del agonizante está la muerte que con arco y flecha le apunta directo al corazón, mientras que un ángel
aguarda en la cabecera y bajo la cama se esconde un demonio. Dicha escena está basada en la composición de uno
de los once grabados que componen el Ars moriendi medieval. En el grabado xilográfico, se muestra al moribundo
postrado en su lecho en el instante preciso de la agonía, momento en que se determinaba la salvación del alma o su
condenación eterna. Esta tradición fue combatida por Erasmo de Rotterdam e Ignacio de Loyola, que proponían la
preparación cotidiana para la muerte, a lo largo de toda la vida del feligrés y no sólo como arrepentimiento último
en el instante de la agonía.

La composición que ocupa la parte superior de la cuarta hoja, está basada en un grabado que realizó un artista
novohispano llamado Silverio, que ilustra un folletín de 17617. El artista del Políptico retomó de dicho grabado, el
tema de las tres Parcas que manipulan la vida como si fuese un reloj, que anuncian el inminente transcurso del
tiempo y señalan el instante de la muerte. Bajo esta escena a la derecha, hay un religioso sentado sobre la boca de
un pozo, cubierta apenas por la tela de una araña. El religioso que medita en su muerte, observa su reflejo en forma
de calavera sobre el espejo que sostiene en la mano. Al centro, se despliega una gran cartela que explica la función
de cada una de las Parcas y al extremo izquierdo se ve el Árbol del Bien y del Mal, rodeado de una serie de
alegorías femeninas, animales y seres sobrenaturales, acompañados por el texto de un salmo.
En la quinta lámina del Políptico, aparece el mismo religioso en actitud de penitencia, arrodillado, con el torso
desnudo y con un flagelo en la mano derecha. Alrededor suyo hay varias escenas que complementan las
meditaciones y prácticas espirituales que mencionamos anteriormente. En la parte inferior se representa el Infierno
que implica la pena eterna; a la izquierda el Purgatorio o pena temporal y en la parte superior el Juicio Final con
Jesús al centro, rodeado de santos, mártires y un angelote que sostiene una cartela, cuyo texto advierte que el
arrepentimiento sincero o contrición verdadera, conduce a la salvación del alma.
La sexta y última tabla es un retrato femenino de medio cuerpo que contrasta sobre un fondo de cortinaje en color
rojo; una composición típica del período. La mujer retratada es blanca, de ojos grandes, nariz recta y luce un
conjunto de aretes y collar confeccionados en oro y piedras preciosas. Al extremo izquierdo de la composición se
lee una leyenda, que reitera la condición mortal del hombre y el poder implacable del paso del tiempo que todo lo
reduce a despojos.
Vista posterior. Políptico de la muerte, 1775.

Literatura doctrinal
El origen de las fuentes doctrinales que seleccioné para leer las imágenes del Políptico, surge de la necesidad de
unificar y reforzar a la Iglesia cristiana, que sufrió una fractura importante con el inicio del movimiento protestante,
encabezado por el monje alemán Martín Lutero en 1517. Esta coyuntura provocó una crisis estructural en la Iglesia
cristiana de Occidente, por lo que tuvo que replantear su funcionamiento teológico y espiritual; político, económico
y cultural. Para ello, se realizaron varias acciones enfocadas a restituir su antiguo poder, unidad e influencia y se
convocó a un Concilio que se reunió en Trento a partir de 1545 y concluyó en 1563. Contemporáneamente surgió el
movimiento contrarreformista católico, cuyo principal promotor fue San Ignacio de Loyola, fundador e ideólogo de
la Compañía de Jesús8 y creador de los Ejercicios Espirituales.
Los Ejercicios tienen como fundamento, el Racionalismo cristiano de Santo Tomás de Aquino y la Biblia,
principalmente el libro del Eclesiastés. En ellos, el santo contrarreformista ideó un método de reflexión y
meditación individual sobre los Novísimos o Postrimerías - la Muerte, el Juicio, el Infierno y la Gloria- a través de
la recreación de imágenes mentales o “composiciones de lugar” junto con el examen de conciencia y la oración.
Otro de los temas que San Ignacio incluyó en sus Ejercicios, fue la meditación en la Pasión y Muerte de Cristo,
ejemplo máximo de virtud, amor y sacrificio; modelo a imitar y a tener siempre en la memoria, incluso en el
momento crucial del último combate.
La siguiente obra que también forma parte de nuestro corpus documental, es pieza clave en la interpretación de las
imágenes. El Catecismo Romano9 fue escrito por San Carlos Borromeo a instancias del Papa Pío V, se publicó en
156610 y es fundamental porque en él se asienta la ideología de Trento. El Catecismo fue escrito con la intención de
formar a los religiosos en el arte de la predicación para difundir la doctrina de la ya reformada Iglesia católica.
Borromeo se encargó de sistematizar los dogmas de fe y las prácticas que todo cristiano debía seguir durante su vida
para tener una buena muerte y obtener la salvación; además, instituyó el modelo estructural y el contenido al que se
tenía que apegar cualquier libro religioso como los misales, catecismos, homilías, sumarios de indulgencias, libros
del buen morir, manuales de sacramentos y libros de oración entre otros11.
La función del Catecismo, consistió en unificar la Teología y oficializar la doctrina que se debía enseñar y extender
por todos los dominios de la Iglesia católica. Incorporó las enseñanzas de El Credo, es decir, los principios de la fe;
las prácticas incluidas en los Sacramentos, los Mandamientos y finalmente la oración del Padre Nuestro12. Se tiene
noticia de que llegó a la Nueva España alrededor de 1585, junto con otras obras de carácter religioso, para instalarse
en las bibliotecas de los conventos, seminarios, colegios y casas particulares.
Del Catecismo Romano se desprenden la estructura literaria y el contenido reglamentario de los libros del buen
morir. Sin embargo, existen unos textos anteriores que se consideran el precedente inmediato de éstos, porque
difunden el tema del último combate: los Artes moriendi medievales. Este tipo de literatura nació en el siglo XV
antes de que se inventara la imprenta13. El Ars Moriendi se relaciona íntimamente con el sentimiento de su época,
que se caracterizó por la concepción individualista y angustiante de la muerte, que hasta la primera mitad del siglo
XIV se pensaba como un fenómeno completamente natural y destino común de toda la humanidad14.
El Ars Moriendi surgió en un período en que los textos religiosos estaban restringidos a un pequeño núcleo de
lectores, en su mayoría, clérigos letrados y cultos. El Ars fue un “compendio de autoridades, citas bíblicas, prácticas
litúrgicas y tópicos sobre la muerte”15 cuya función era guiar y preparar al moribundo en el difícil trance de la
agonía, en el que el bien y el mal se disputaban su alma, y a través de una serie de tentaciones diabólicas e
inspiraciones angélicas, el Ars ilustraba las pruebas a las que el agonizante sería sometido en aquel momento
decisivo en el que podía salvar o perder su alma para siempre.
Se conocen dos versiones de esta obra, una larga y otra corta. La que nos interesa por su contenido estructural y
visual es la corta, también llamada Quamvis secundum,16 o QS, que fue la más popular y difundida por el occidente
europeo. El Ars QS consta de once grabados en los que se representan las tentaciones y las inspiraciones,
encarnadas por demonios y ángeles respectivamente, además de una última escena en la que el agonizante que ha
ganado la última batalla, se eleva al Cielo y gana la Gloria eterna. En el Quamvis secundum se vislumbra la
estructura que más adelante seguirán los libros del buen morir tridentinos: el proemio, la proposición, las pruebas y
la solución, a través del método dialéctico que la Escolástica medieval retomó de la filosofía platónica, que propone
un sistema racional basado en la formulación de preguntas y respuestas. El QS incluye una introducción o proemio
en donde se advierte al lector la importancia de prepararse para salir exitoso de la agonía o último trance. El grueso
de la obra o proposición, subraya cómo se deben enfrentar las cinco tentaciones diabólicas, a partir de las pruebas
indicadas por las cinco inspiraciones angélicas. Por último está la solución, ilustrada por el triunfo del moribundo
que combatió las tentaciones diabólicas, obtuvo una buena muerte y venció al pecado.
Los libros del buen morir: estructura y contenido
Los parrocos deben inculcar al pueblo la memoria del Juicio, por
ser tan util para aterrar á los malos, y consolar a los buenos17
Erasmo afirmó que el hombre poseía una naturaleza inclinada al pecado como efecto de la herencia de los primeros
padres, Adán y Eva. Por este motivo era necesario aprender el secreto del bien vivir para poder bien morir. Así fue
como nació la literatura para cumplir esta difícil tarea, que a diferencia del Ars Moriendi, señaló un gran cambio: la
preparación cotidiana para la muerte y no sólo al instante de la agonía.
La literatura del buen morir se encargó de ordenar, sistematizar, normativizar y difundir una sola creencia en torno a
la muerte. Como ya se dijo antes, su estructura discursiva se alineó al modelo establecido por el Catecismo Romano,
que a su vez retomó el método dialéctico dictado por Platón: proemio, proposición, pruebas y solución. Veamos en
qué consiste cada parte:
PROEMIO
En el Proemio se explica la importancia de las tres potencias del alma que posee el hombre: inteligencia,
entendimiento y voluntad. Las potencias vinculan al individuo con su Creador además de simbolizar las tres divinas
personas; pero es por la cualidad intelectiva gracias a la que éste puede conocer los dogmas y creencias indicados
por la Iglesia. Al igual que en el Catecismo Romano, en el Proemio de los libros del buen morir viene especificada
la importancia de la fe:
· Es necesaria para conseguir la salvación18
· Es imposible agradar a Dios sin fe
· Se debe creer por firme e infalible todo lo que la Santa Madre Iglesia asegura ser revelado por Dios
· Hay que creer de corazón, pero también se debe expresar públicamente la fe19 [mediante un culto externo]
· La muerte, el juicio, el Infierno, el paraíso y la eternidad son verdades de fe20
· La fe enseña que Dios está obligado a perdonar a quien haga penitencia21
El amor del feligrés hacia estos principios forma un vínculo indisoluble con Dios, que constituye el primer requisito
para la salvación.22 Además de la fe el Proemio se inspira en el Génesis para enfatizar la condición pecadora del
hombre inaugurada por el pecado original de Adán y Eva, por el cual, todo el género humano está condenado a la
muerte. También en el Proemio se define la naturaleza dual del ser humano. Por un lado es mortal y pecador, por
herencia de los primeros padres, mientras que como hijo de Dios, posee un espíritu o alma inmortal que lo inclina a
la virtud. La lucha entre esas dos naturalezas continúa hasta del día de la muerte y es causa y motor de la vida del
cristiano.
PROPOSICIÓN
En este apartado se desarrolla ampliamente el tema de la meditación en el Credo y los Novísimos como medios para
despertar la atrición. La atrición es consecuencia del arrepentimiento del feligrés por temor al castigo y a la ira
divina, es decir a lo que le espera en el Más Allá y al momento de comparecer ante la justicia divina. La atrición es
el arrepentimiento imperfecto, a diferencia de la contrición, que es el dolor sincero y verdadero por haber ofendido a
Dios. Para lograr un arrepentimiento imperfecto o atrición, se insiste en el recuerdo de los Novísimos porque
advierten al hombre de los peligros que le aguardan en el Más Allá. El pensar en los Novísimos ayuda a evitar que
el hombre caiga en el pecado que trae como consecuencia la enfermedad y la muerte del alma. El enunciado más
característico y descriptivo de esta sección pertenece al Eclesiastés, incluido en el Antiguo Testamento: En todas tus
obras acuérdate de tus postrimerías, y jamás pecarás; de esta manera el hombre se arrepiente de todas sus culpas
por temor al castigo.
Muerte
En esta sección se despliega el doble discurso, temor-consuelo dirigido a los pecadores o a los justos
respectivamente. Además se desarrolla de manera extensa la diferencia entre la muerte corporal y la muerte del
alma o muerte en pecado. De la primera se resalta el carácter universal e inexorable, común a todos los hombres. En
cambio, sobre la muerte del alma se explica que está reservada a quien no piensa en los Novísimos, ni pertenece a la
Iglesia o se ha alejado de ella, o bien, a quienes se les olvidó el fin último para el que fueron creados, es decir para
ocuparse del negocio más importante de su vida: la salvación del alma.
Juicio
Durante la última etapa de la Edad Media, cuando ocurre el fenómeno de la individualización de la muerte, se
acentuó la creencia en el Juicio Particular23 además del ya conocido Juicio Final o Universal. Cuando el individuo
exhalaba el último aliento era llevado de inmediato ante tribunal divino en el que se le dictaba sentencia. En el
Juicio Final, tenía lugar la resurrección de los muertos y todos los hombres eran llamados a comparecer ante
Jesucristo, quien daba a conocer la sentencia del Juicio Particular de manera pública:
El primero [Juicio] es cuando cada uno de nosotros muere, porque al instante es presentado ante el
tribunal de Dios, y alli se hace severisimo examen y juicio de todas las cosas que en su vida hizo, dixo y
pensó. Y esto se llama juicio particular. El segundo es quando en un mismo dia y lugar todos los
hombres serán presentados ante el tribunal del supremo Juez, para que viendo, y oyendo todos los
hombres de todos los siglos, reciba cada uno el decreto y fallo, que se le diere. La pronunciación de
esta sentencia será desde luego para los impios y malos una gran parte de su pena, y castigo: mas los
justos y buenos sacarán de ella gran premio y fruto, porque entonces se publicará qual fue cada uno en
esta vida. Y éste se llama Juicio universal24
Infierno
En este apartado se leen descripciones muy crudas sobre aquel sitio que alberga a los condenados. El Infierno es el
lugar donde se lleva a cabo la pena de sentido que consiste en la mortificación eterna de los sentidos corporales,
porque a través de ellos se peca, se ofende o se glorifica al Señor. Con las descripciones del Infierno los autores
buscaron conmover, guiar y garantizar el convencimiento de los feligreses de seguir el buen camino, de ser buenos
soldados de Cristo y continuar la batalla contra el mal.
Gloria
Con la descripción de la Gloria se pretendió consolar al fiel. Era la recompensa para el justo, para el que habíaseguido los preceptos de la Iglesia y se preparó durante toda su vida para bien morir y lograr la salvación. Con la
promesa de la Gloria y el reino de Dios, se incitaba a seguir los principios rectores de la buena muerte junto con las
bondades que traería el ganar la bienaventuranza eterna. Así era como se conformaba la Iglesia Triunfante, aquel: “congreso de espiritus bienaventurados, y de aquellos que habiendo triunfado en el mundo de la carne y del
perversisimo Demonio, libres yá y seguros de las molestias de esta vida, gozan de la bienaventuranza eterna”25.
PRUEBAS
El apartado de las Pruebas se apoya en el Credo, la vida, la pasión y la muerte de Cristo, para mover al feligrés
hacia la contrición o arrepentimiento sincero por el dolor de haber pecado y ofendido a Dios. El tema que aquí se
desarrolla es la vida de Cristo como modelo de vida ejemplar, de virtud, de sacrificio y de amor. En su obra
redentora se destaca su naturaleza humana26 y se muestra el camino para vencer el pecado, fomentar la esperanza de
la victoria del combate contra el mal y el triunfo sobre la muerte. Al mismo tiempo en las Pruebas, se exalta la
humanidad del Salvador, quien sufriera a través de la Encarnación el dolor de los pecados cometidos por el hombre,
para quien ganó la Redención o la posibilidad de salvación.
La meditación y la memoria continua de los pasajes de la pasión, buscaban mover al feligrés a la contrición y su
arrepentimiento sincero era la puerta a la salvación; de esta forma podemos concluir que la vida de Cristo fue la
columna vertebral de la doctrina.
SOLUCIÓN
En la Solución se concilia la naturaleza dual del hombre como hijo de Adán y como hijo de Dios, y se insiste en que
debe luchar contra su inclinación al pecado para prepararse a recibir la gracia de la obra redentora de Cristo por
medio de la fe y las prácticas que la Iglesia enseña.
Conclusiones
Después de haber definido la naturaleza de dos objetos históricos del pasado - el Políptico de la muerte y la
literatura del buen morir - se puede comprobar la estrecha relación que guardaban, el discurso que compartieron y
cómo uno se puede interpretar con la ayuda del otro.
A través del orden discursivo planteado desde el Ars moriendi medieval, más los contenidos de los Ejercicios, el
modelo propuesto por el Catecismo y la estructura de los libros del buen morir, se pueden leer e interpretar de
manera global las representaciones del Políptico de la muerte. Esta obra de arte señala el recuerdo y la meditación
cotidiana del primer Novísimo como lo podemos comprobar en la lámina 1 y 2, a partir del cual, se desprende la
memoria del resto: Juicio, Infierno y Gloria, con las tablas 3, 4, 5 y 6.
Por razones de espacio no desarrollo la interpretación que di a cada lámina del Políptico, no obstante, a
continuación menciono el título con que nombré a cada imagen con base en la estructura literaria y el contenido de
los libros del buen morir:
· Tabla 1. Proemio
· Alude al primer novísimo: la muerte. Omnipresencia y carácter inesperado de ésta. Finitud de la vida,
fragilidad de la condición humana y de las cosas banales.
· Tabla 2. Proemio
· Primer novísimo. Condición mortal del género humano
· Tabla 3. Proposición
· Juicio personal y medios para salvarse. Recordarle al moribundo que es cristiano y traerle a la memoria los
pasajes de la Pasión y muerte de Cristo para lograr un arrepentimiento sincero o contrición.
· Tabla 4. Pruebas
· Meditar sobre la muerte para vencer al pecado: el religioso está conciente de su propia finitud. La última
palabra de la vida y muerte del hombre la tiene la divinidad. Pertenecer a la Iglesia y practicar la doctrina son
armas fundamentales para morir bien.
· Tabla 5. Solución
· Escena principal: el Juicio Final, del que parte la memoria del resto de los novísimos; Infierno y Gloria, para
hacer acto de contrición, siguiendo las enseñanzas de los libros del buen morir y las meditaciones ignacianas.
· Tabla 6
· Una vez más, el recordatorio de la muerte…
Como pudimos comprobar, el discurso centrado en los Novísimos fue una herramienta que alentaba la memoria del
futuro en el Más Allá, además de ser un instrumento de persuasión y convencimiento. Con un discurso que buscaba
aterrar a los pecadores y consolar a los justos, se intentó unificar y difundir una serie principios centrados en la
preparación para la muerte, que enseñaba el secreto del buen vivir para poder bien morir.
La preparación para la muerte presente en los libros del buen morir y en las imágenes del Políptico, fue de suma
importancia en el camino hacia la salvación del alma de los novohispanos. El discurso que encontramos tanto en
los textos como en las imágenes, me han llevado a concluir que el Políptico además de que puede ser leído e
interpretado con el auxilio de las fuentes escritas, es un libro del buen morir constituido por imágenes. Esta
hipótesis se puede comprobar a través del cotejo de las representaciones y el análisis minucioso del discurso de los
libros del buen morir, ejemplares que existen en la mayoría de los fondos antiguos de las bibliotecas de nuestro país
y que son fuente riquísima de información religiosa, cultural, política y social.
Hasta aquí una propuesta abierta a ser discutida y ampliada. El mayor interés es dar a conocer una pieza sumamente
compleja y poco estudiada que merece la atención de los especialistas y los no especialistas. El Políptico es una
obra que nos permite profundizar en la concepción que antaño se tenía sobre la muerte y que hasta la fecha despierta
curiosidad, genera preguntas, produce efectos y lo más importante es que está a nuestro alcance.
________________________________________
1 Sebastián Izquierdo, S.J., Practica de los exercicios espirituales de nuestro padre San Ignacio, México, Viuda de Miguel Ribera, 1707,
pp. 53-54.
2Juan Crasset, La dulce y Santa Muerte, tr. Basilio de Sotomayor, Sevilla, Manuel Nicolás Vázquez, 1779, p. 285.
3 Ian Chilvers, et. al., Diccionario de Arte, España, Alianza Editorial, 1992.
4 Cada una de las tablas del Políptico, miden 28 x 23 centímetros, por lo que se considera una obra de formato pequeño.
(…) Lugares Comunes www.lugarescomunes.com.mx #4 MUERTE
5 Imagen del libro: Obras notables del Museo Nacional del Virreinato de Mónica Martí Cotarelo, México, Consejo Nacional para la
Cultura y las Artes (CONACULTA), 2003.
6 Imagen tomada del libro de Francisco Gago Jover, Arte de Bien Morir y Breve Confesionario, (Zaragoza, Pablo Hurus: c. 1479-1484;
Anónimo, según el incunable de la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial), Barcelona, José J. Olañeta- Universitat de les
Illes Balears, 1999, (Medio Maravedí).
7 Folleto escrito por Don Tomás Cayetano de Ochoa, titulado Relox, en modo de despertador para el alma dormida… en Gonzalo
Obregón, “Representación de la muerte en el arte colonial”, Artes de México, No.145, vol. XVIII, México, 1971.
8 La Compañía de Jesús se formó oficialmente el 27 de septiembre de 1540 a partir de la emisión de la bula del Papa Paulo III. Ver: Ad
Maiorem Dei Gloriam, coordinado por Ana Ortiz Islas, México, Universidad Iberoamericana, 2003. p. 23.
9 Catecismo Romano. Compuesto por decreto del Sagrado Concilio Tridentino para los párrocos de toda la Iglesia y publicado por San
Pío V, traducido del latín al castellano por Don Lorenzo Agustín de Manterola, Madrid, 1566.
10 María Concepción Lugo Olín, Una literatura para salvar el alma, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2001. p. 60.
11 Ibidem. p. 28. Este conjunto de libros es a los que la investigadora María Concepción Lugo llama, “literatura para salvar el alma”.
12 Ibidem., p.77.
13 Roger Chartier, Sociedad y escritura en la Edad Moderna, México, Instituto Mora, 1999. p. 37.
14 Philippe Ariés, “La muerte domada” en El hombre ante la muerte, Madrid, Taurus, 1999.
15 Gago, Op. Cit., p. 27.
16 Chartier, Op. Cit., pp. 63-64.
17 Catecismo, p. 86.
18 Crasset, Op. Cit., p. 231.
19 Sobre la Fe en Catecismo Romano. p. 11.
20 Alfonso María de Ligorio, Preparación para la muerte ó, Consideraciones sobre las verdades eternas útiles á los fieles para meditar, y
á los sacerdotes para el púlpito, tr. Joaquín Roca y Cornet, París, Garnier Hermanos, libreros editores, 1893. p.173.
21 Crasset, Op. Cit., p. 37.
22 Lugo, Op. Cit., p. 142-143.
23 Ariès, Op. Cit., pp. 96-99.
24 Catecismo Romano, p.80-81. Las letras negras son mías.
25 Ibidem, p.98
26 Lugo, Op. Cit., p.151
Fuentes Primarias
Catecismo Romano. Compuesto por decreto del Sagrado Concilio Tridentino para los párrocos de toda la Iglesia y publicado
por San Pío V, traducido del latín al castellano por Don Lorenzo Agustín de Manterola, T.I., 1566
CRASSET, Juan, La dulce y santa muerte, traducido por Basilio de Sotomayor, Sevilla, impreso por Manuel Nicolás Vazquez,
1779.
IZQUIERDO, Sebastián, S.J. Practica de los exercicios espirituales de nuestro Padre San Ignacio, Mexico, por la viuda de
Miguel de Ribera, Año 1707.
LIGORIO, Alfonso María de, Preparación para la muerte, ó, consideraciones sobre las verdades eternas útiles á los fieles
para el púlpito, tr. Joaquín Roca y Cornet, París, Garnier Hermanos, 1893.
----------------------------------------- París-México, Librería de la Vda. de Ch. Bouret, 1900.
Santa Biblia: Antiguo y Nuevo Testamento, Londres, Sociedades Bíblicas Unidas, 1958.
Bibliografía
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ARIÉS, Philippe, El hombre ante la muerte, Madrid, Taurus, 1999.
(…) Lugares Comunes www.lugarescomunes.com.mx #4 MUERTE
CHARTIER, Roger, El mundo como representación, Barcelona, Gedisa, 1999.
----------------------- Sociedad y Escritura en la Edad Moderna, México, Instituto Mora, 1999.
CHILVERS, Ian, et. al., Diccionario de Arte, Madrid, Alianza, 1992.
GAGO Jover, Francisco (ed.), Arte de Bien Morir y Breve Confesionario (Zaragoza, Pablo Hurus: c.1479-1484), Barcelona,
José J. Olañeta –Universitat de les Illes Balears, 1999. (Medio Maravedí, 2).
LUGO Olín, María Concepción, En torno a la muerte: una bibliografía, México 1559-1990, México, Instituto Nacional de
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------------------------------------------ Una literatura para salvar el alma, México, INAH, 2001.
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