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POLÍPTICO DE LA MUERTE: IMAGEN Y LITERATURA Erandi Rubio Huertas El primer punto sera de la naturaleza y propiedades de la muerte
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Introducción En todo comienzo hay un final, y como tal, la muerte marca el destino más certero, irrepetible e individual en la existencia del ser humano. En pleno siglo XXI la muerte sigue generando preguntas, explicaciones, interpretaciones y expresiones de distinta naturaleza. Dichas expresiones han perdurado a lo largo de los siglos y permanecen como huellas o manifestaciones del pasado, a veces confusas o inexplicables ante nuestros ojos contemporáneos. La motivación del siguiente trabajo es ofrecer al lector un extracto de lo que fue mi propuesta de análisis en la tesis de licenciatura en historia. El propósito es acercarnos a la lectura de un objeto artístico del pasado, procedente del siglo XVIII novohispano, a través de una serie de textos doctrinales. El objeto al que me refiero es el Políptico de la muerte que se halla en una de las salas del Museo Nacional del Virreinato, en lo que fue el antiguo Colegio de Tepotzotlán. Allí, el Políptico aguarda la mirada de los espectadores, envolviéndolos en una atmósfera oscura, colmada de atributos iconográficos que aluden a la fragilidad de la vida, al tema de la Vanitas, el desengaño, la importancia de meditar en la Muerte, el Infierno, el Juicio, la Gloria y por supuesto, aprender a bien morir. La propuesta |
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Entre todas las obras de caridad […] no hai ninguna de mayor
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Como lo he mencionado, el presente trabajo pretende mostrar una propuesta más de lectura e interpretación del Políptico de la muerte a través de su relación con una serie de fuentes doctrinales. Me refiero a los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, el Catecismo Romano y los libros del buen morir. Sin embargo, estos últimos son los que conforman la herramienta de interpretación más precisa del contenido iconográfico y literario de la obra como se verá más adelante. Por su discurso, estructura y organización, los libros del buen morir permiten esclarecer la intención y el significado global del conjunto pictórico, ya que ambos guardan una estrecha relación temática: la meditación y preparación para la buena muerte o bien morir, práctica institucionalizada por la Iglesia católica y ampliamente difundida en el territorio novohispano. ¿Qué es un políptico? El diccionario de términos artísticos lo define de la siguiente manera: “Composición de pinturas u otro género de obras, que consiste en cuatro o más hojas o tablas, normalmente ensambladas, y con frecuencia articuladas; se utiliza habitualmente como retablo”3. El Políptico de la muerte4 es una obra anónima, compuesta de seis tablas de madera pintadas al óleo, articuladas entre sí por bisagras que permiten que se desdoblen y se vuelvan a doblar; por esta característica se puede observar de frente y por detrás. Como es un objeto pequeño y fácilmente transportable, probablemente fue el encargo de algún particular para usarse en la privacidad de una capilla doméstica, en la intimidad de una celda o dormitorio. El tema central que unifica las distintas partes del Políptico, es el recordatorio continuo de la muerte o memento mori, con base en la tradición de la preparación para la buena muerte, una práctica que cobró gran importancia tanto en el discurso contrarreformista como en los textos doctrinales generados a partir del Concilio de Trento. La preparación para la buena muerte o bien morir, consistió en la realización cotidiana de una serie de meditaciones y prácticas sacramentales, encaminadas a ayudar al feligrés a bien morir y con ello, alcanzar la salvación de su alma y ganar la Gloria eterna. Para comprender mejor el discurso iconográfico de la obra, describiré de manera muy breve, el contenido de cada una de las imágenes, de acuerdo al orden que establecí previamente, con base en la estructura literaria de los libros del buen morir. El Políptico de la muerte La primera tabla presenta a un esqueleto que emerge desde la negritud del fondo y ocupa toda la parte central de la composición. Con la mano derecha sostiene una guadaña y con la otra, un candelabro que tiene una vela encendida. Lo acompañan a los costados una serie de objetos que aluden a la fragilidad de la vida, como la flor y el hilo que cuelga de una telaraña; otros que reiteran lo efímero del tiempo, como el reloj de arena y la flama de la vela. También hay símbolos que señalan la meditación en torno a la muerte, como son el esqueleto y las calaveras y otros que ilustran la vanidad de lo terreno: el cráneo con bonete sobre un libro, los cinco sentidos a través de los cuales se peca y el globo terráqueo que alberga instrumentos musicales, monedas de oro y plata, la corona de un rey y una tiara pontificia. En la segunda tabla se halla un altar con una gran calavera que preside la parte central de la composición. En ambos flancos hay dos candelabros, el de la derecha está encendido y el de la izquierda recién humea. Abajo, un esqueleto pequeño yace sobre un petate, acompañado de tres cartelas cuyos textos aluden a la condición mortal del hombre, enmarcadas por dos calaveras pequeñas que reposan en las esquinas inferiores. |
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