María Nélida Dombronsky
Psicoanalista, Universidad Nacional Autónoma de México
Muriendo de muerte,
Me muero,
Porque ya no puedo,
Por eso muero.
Muriendo de muerte,
Te muero,
Porque tengo miedo,
Por eso muero.
Muriendo de muerte,
Me muero
porque ya no puedo,
De mí sacarte.
. . .
Muriendo, agonizando, partiendo. Son procesos duros, largos, penosos. Puntos sin retorno: remolinos oscuros.
Helicoides negativas; caídas profundas, que llevan indefectiblemente, al clímax, al final, a salirse de la escena, al salto al
abismo, a la nada; pero... si encima se muere de muerte, es peor aún; se oscurece y alarga más la agonía.
Parece un imposible, una figura retórica, un recurso literario, una frase poética pero no, existe y es posible, morirse de
muerte. Es esa pena infinita que nos atraviesa, esa neblina opaca y pegajosa que nos envuelve, esa sombra dolorosa que
nos arrastra. Es ese sentirse nada, ese no valer nada, es ese sinsentido. Es no poder vivir. Es no poder morir. Es no
poder...
La tristeza infinita, melancolía profunda: “Es la sombra del objeto, caída sobre el yo”, dirá Freud; del objeto amado y
perdido. Sin embargo, prefiero, para connotar mejor la situación, dando la idea de proceso en ejecución, la licencia para
llamar al objeto: “objeto amándose y perdiéndose”, donde el participio presente viene en mi ayuda para expresar esa
idea. No obstante, se tuvo que agregar el sufijo ‘se’, que gramaticalmente hablando funcionaría como un objeto directo.
Nuevamente, me atrevo a otra licencia, y tengo la osadía de leer el sufijo ‘se’ en “objeto amándose y perdiéndose”, no
como un objeto directo, sino como un reflexivo, es decir a un ‘a sí mismo’; pues, en este caso particular de la
melancolía, como también lo dice Freud en su artículo homónimo de 1915, el melancólico: “ha sufrido una pérdida en el
objeto, pero de sus declaraciones surge una pérdida en su yo”. Esto nos da la pauta que para el melancólico es como si
hubiese perdido una parte de sí. Llaga incurable, hemorragia psíquica.
La causa para éste sufrimiento, para esta situación insoluble es que: “la elección de objeto se ha cumplido sobre una base
narcisista... lo cual trae por resultado que el vínculo de amor (con el objeto) no pueda resignarse a pesar del conflicto con
el objeto amado”, el que se ha perdido. Dolor constante. Angustia continua. Le han arrancado el corazón. Le han
amputado un miembro. Por eso no cierran las heridas, por eso no cicatriza el trauma.