LAS DROGAS, SU HISTORIA Y SUS
PROCESOS DE RESIGNIFICACIÓN EN
MÉXICO: HUAUTLA DE JIMÉNEZ Y EL
“DESCUBRIMIENTO” MODERNO DEL TEONANÁCTAL
[Extracto de un proyecto de tesis] *
Frederik Hildel Buendía
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
Diciembre, 2007
El historiador norteamericano David T. Courtwright.1 sugiere que algunas de las consecuencias más profundas
y significativas que generó el mundo moderno están relacionados con lo que él denomina como “revolución
psicoactiva”, un peculiar proceso que trajo consigo la posibilidad, para un número cada vez mayor de
personas, de alterar voluntariamente su estado de conciencia ordinario a partir del consumo de substancias
psicoactivas.2 Un par de cifras bastan para asegurarnos de la relevancia que han tenido estas peculiares
substancias a lo largo de la historia moderna. Según su investigación, la producción y comercio de
substancias psicoactivas, cuando han sido legalmente reguladas, han generado cuantiosos ingresos fiscales
para el Estado. Un ejemplo evidente de esta cuestión puede encontrarse en la versión oficialista sobre el
surgimiento del nacionalismo norteamericano y su afamado episodio del Boston Tea Party, ocurrido el 16 de
diciembre de 1773 a causa de la tiranía británica encarnada en su implacable carga impositiva que recaía, en
esta ocasión, nada más y nada menos que en un droga: el té.
Menos vehementes pero más contundentes resultan las cifras contenidas en el Presupuesto Federal Mexicano
para el ejercicio fiscal de 2007. Según la Ley de Ingresos el Estado Mexicano percibió, por concepto de
impuestos al consumo de “Bebidas con contenido alcohólico y cerveza”, alrededor de 14,707 millones de
pesos. Ligeramente mayor, el impuesto sobre el consumo de tabaco ascendió a 17,723 millones de pesos. En
conjunto ambos conceptos aportaron a los ingresos federales 32,430 millones de pesos, 6,200 millones más
que los impuestos con que fue gravada la totalidad de productos de importación cuyo total fue de 26,229
millones de pesos. Evidentemente estas cifras dejan de lado las cantidades correspondientes a drogas ilegales,
no reguladas por el fisco, aunque aclaran parcialmente cuál es la dimensión económica que recubre al
consumo de substancias psicoactivas en la actualidad.3 Una dimensión que, como la totalidad de los hechos
sociales, se encuentra acompañada por otras –políticas, culturales, jurídicas, religiosas, etc.— con
implicaciones claramente distintas pero que en conjunto determinan los significados que socialmente le son
atribuidos a una práctica concreta: el consumo de substancias psicoactivas.
Cómo se desató masivamente el consumo de algunas de estas substancias; cuáles fueron los dispositivos y
procedimientos que privilegiaron el consumo de unas en detrimento de otras; y, por último, aunque en
realidad ésta es la cuestión que busca atender con mayor acuciosidad esta investigación, cómo fue que se
apropiaron de ellas y qué prácticas establecieron al hacerlo grupos que no habían estado en contacto con
ciertas drogas cuyo consumo estuvo restringido a ámbitos tradicionales, y de que forma este contacto trastocó
irremediablemente el destino de cientos de personas. Ese es el gran problema al que pretende aproximarse mi
investigación. Puesta la certeza en el hecho de que, por más petulante que pueda ser quien esto escribe, no
sería humanamente posible realizar un trabajo de análisis sobre más de cinco siglos de historia mundial
(tomando en cuenta que el proceso de expansión global de substancias psicoactivas –la “Revolución
Psicoactiva” tal como la llama Courtwright— se inserta en el centro de eso a lo que llamamos “Historia
Moderna” y que, como es bien sabido, ésta inicia en los últimos años del siglo XV y los primeros del XVI), y
mucho menos para quien pretende hacer de esa búsqueda una tesis de licenciatura, es necesario limitar el
problema al que pretendo acercarme.
En ese sentido, he elegido enfocar mi investigación al análisis de un caso específico cuya importancia para la
historia contemporánea sobre las drogas radica en que muestra con particular claridad la importancia que
tienen las experiencias interculturales en los procesos de significación de las substancias psicoactivas.
Aunque he insertado el problema que pretendo analizar en el marco general de la historia de las drogas,
resulta indispensable aclarar que de muy poco serviría tratar de realizar una investigación sobre un objeto al
margen del conjunto de prácticas y discursos a las que se encuentra asociado. En ese sentido, y sin perder de
vista las observaciones realizadas hasta el momento, considero que el centro de la investigación gira en torno
a la historia de un encuentro singular. Tan singular e importante que muchas de las modificaciones, en una
cantidad considerable de los patrones de sociabilidad que tradicionalmente habían prevalecido en aquel lugar,
y que fueron drásticamente alterados, pueden ser achacadas a las consecuencias de ese encuentro.
Resulta claro que, por muchísimos motivos, la historia del consumo de substancias psicoactivas implica una
multiplicidad de asuntos que no se constriñen únicamente al hecho específico de ingerir una substancia.
Pareciera que uno de los errores que se comenten con mayor frecuencia al hablar sobre éstas tienen que ver
con soslayar, de forma premeditada o accidental, las importantes implicaciones que históricamente han pesado sobre su utilización, independientemente de los fines a los que ésta obedezca.
Huautla de Jiménez es un municipio oaxaqueño enclavado en la sierra mazateca. Habitado en su mayoría por
indígenas, permaneció prácticamente aislado hasta entrado el siglo XX cuando fue construida la terracería
que lo unió de forma permanente con Teotilán del Camino. Pocos, en realidad casi nadie, salvo por algún
antropólogo u otro ser extraño (tal vez algún agente comercial de Tehuacán o algún comprador de café) subía
al pueblo con regularidad. Sin embargo, la cotidianidad de la gente mazateca quedó completamente
trastocada al verse súbitamente habitada por otro tipo de seres que llegaron hasta allá con propósitos que
resultaron algo extraños para los habitantes de Huautla. Mucho se podría argumentar sobre las causas y las
consecuencias de aquella extraña incursión, sobre las extrañas costumbres que tenían quienes llegaron al
pueblo en los primeros años de la década de los 60 –en 1962, según algunos de los primeros reportes de
prensa aparecidos en el suplemento La cultura en México del semanario Siempre!— sin embargo, al menos
por ahora, basta con mencionar que es con su aparición que inicia formalmente esta historia. La de un
peculiar encuentro entre seres claramente distintos que, a su modo, tuvieron que llevar a cabo una tarea
titánica.
Aunque la narración de los acontecimientos cuenta con una importancia crucial para el desarrollo de esta
historia, por cuestión de espacio y tiempo, remito al lector a otros textos que pueden servir como
aproximaciones invaluables para comprender esa serie fundamental de episodios de la historia
contemporánea de Huautla, sus antiguos habitantes y sus extraños visitantes.4
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* Este texto es un extracto del anteproyecto de tesis para Licenciatura que Frederik Hildel
Buendía, fundador de Lugares Comunes, escribió a finales de diciembre de 2007. Su
impertinente muerte no le permitió continuar con la investigación que venía realizando.
Ahora presentamos este texto póstumo como una forma de recuerdo y de muestra de su
trabajo.
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1 Courtwright, David T., Las drogas y la formación del mundo moderno. Breve historia de las sustancias adictivas,
Trad. de Marta Pino Moreno, Barcelona, Paidós, 2002 (Contextos, 75)
2 He decidido no utilizar el término “droga” antes de realizar una aclaración pertinente. Aunque por su eficacia no
existe otro concepto que pueda comunicar toda la carga semántica con que cuenta aquella palabra, muchas veces la
excesiva connotación, claramente peyorativa, que priva en su uso en la sociedad contemporánea empobrece el
análisis. En este texto la palabra “droga” es utilizada en su acepción más rigurosa: “Substancia o preparado
medicamentoso de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno”, según el Diccionario de la Lengua
Española. Omito concientemente su estatus legal, considero como drogas tanto al café –la más popular de todas—
como a la heroína, pasando por el alcohol y la marihuana. Independientemente he tratado, en la medida de los
posible, de utilizarlo de modo muy selectivo.
3 Ley de Ingresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal de 2007, consultada en línea a través de la Gaceta de la
Cámara de Diputados: http://gaceta.diputados.gob.mx/Gaceta/60/2006/dic/tablaLlng.pdf, el 11 de diciembre de 2007.
4 Al respecto de esta peculiar historia pueden consultarse varias crónicas, todas ellas interesantes. En primer lugar,
y debido al indudable valor que contiene su testimonio se encuentra el relato de vida de María Sabina que fue
recogido por Álvaro Estrada, María Sabina. La sabia de los hongos, 14ª Ed., México, Siglo XXI Editores, 2007.
Igualmente importantes son las publicaciones de R. Gordon Wasson, entre ellas destaca El hongo maravilloso. Micolatría en Mesoamérica, México, Fondo de Cultura Económica, 1983. El escritor huauteco Álvaro Estrada
escribió también una inteligente y divertida crónica al respecto, Huautla en tiempo de Hippies, México, Grijalbo,
1996. Fernando Benítez publicó también un libro al respecto, Los hongos alucinantes, México, Ediciones ERA,
1979. Corriendo el riesgo de parecer petulante puede consultarse también un texto realizado por quien esto escribe,
un breve resumen sobre el episodio, sus consecuencias y algunos de sus posibles significados. “Huautla. Subir a las
montañas, conocer a Dios”, en: Lugares Comunes, Núm. 2., Noviembre- Diciembre 2007, http://www.lugarescomunes.com.mx/archivo/02/textos/txt5/1.html
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